domingo, 21 de abril de 2013

Sigo vivo

...Continuamos nuestra travesía por la vasta selva Amazónica en busca de refugio, a pesar de caminar con 3 balas perforadas en el interior de mi brazo, al que anteriormente aplicamos como vendaje compresivo tela cortada con un cuchillo, de mi propio traje de camuflaje.

A pesar de mi sufrido brazo, marchábamos a una velocidad considerable, partiendo de la base de tener que vigilar cada centímetro que pisábamos por los múltiples peligros que acechaban en la selva...

De pronto sonaron 2 disparos que precipitaron los cuerpos de mis 2 compañeros contra el suelo, sin poder reaccionar ninguno de los 3 a tiempo. Mi primera reacción fue saltar detrás de los primeros arbustos que ví. Pero al hacerlo deje caer mi arma por el dolor insoportable que me producían mis heridas en el brazo izquierdo. Allí quedé inmóvil, la sangre se me heló, un frío intenso comenzó a sacudir todo mi cuerpo como si instantáneamente me hubiera teletransportado hacia la fría Antártida. Desarmado, herido y sin fuerzas, tan sólo esperaba que algún enemigo viniera a rematarme. Pero no fue así. No sé cuántas horas estuve quieto, inmóvil entre esos arbustos, pero mi sangre permaneció helada, y en mi cabeza tan sólo retumbaban todavía los zumbidos de aquellos disparos. Terminé por desmayarme, y desperté en una especie de cabaña construida por una tribu autóctona de la zona, que muy amablemente curó mis heridas con algún ungüento maloliente, que me hizo despertar precipitadamente.

Perdido en una región inlocalizable para mis pésimos conocimientos de la Selva Amazónica, escribo estas líneas sin conocer en absoluto mi incierto futuro...

viernes, 19 de abril de 2013

Rendir cuentas al diablo

Como atravesar el interior de un volcán en erupción, es heroica la batalla que se libra en mi cabeza.
Rendir cuentas al diablo, o permanecer insensible ante el paso de los años que no perdonan.
El pasado persigue al más noble guerrero y allá donde te escondas te encontrará, para recordarte el sufrimiento de las batallas libradas donde gente perdió la vida, donde aun aullan las almas de los caídos en combate.

Es eterna la proeza del guerrero, pues una vez terminada la guerra, no termina el descanso, jamás llega. Una por una las imágenes de esa guerra chocan con el mundo real produciendo shocks cerebrales de milésimas de segundo, pero que duran por siempre, pues lo que se vivió allá no se borrará nunca en los ojos de la gente que aun tiene corazón.

Pobre del guerrero que olvida, pues ese ya perdió su corazón y sólo la más cruel locura atormentará sus pensamientos día y noche hasta que su triste vida encuentre un final macabro.

Fuerza y coraje son siempre los elementos necesarios para continuar. Pero ni Dios ni ninguna Iglesia dan esas cualidades tan escasas en la naturaleza humana.

lunes, 8 de abril de 2013

El Olvido



Perdóname, me olvidé de pedirte permiso para pasar. No recordaba el protocolo necesario.
Perdóname si hoy abrí esa puerta escondida en ese hueco de mi memoria.
Realmente no quise hacerlo, no fue voluntario, me da miedo abrir aquella puerta, porque a veces también siento miedo.

Pero por muchos candados que tenga una puerta, se puede abrir...

Pero tal y como se abre, también se cierra.